Cómo manejar la mini-adolescencia de tu bebé

Por admin
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En torno a los tres años de edad, muchos niños atraviesan una etapa de enfados y rabietas que parece un pequeño anticipo de lo que será, años después, su adolescencia. Es una fase normal, temporal y no muy extensa en la que el menor refuerza su autonomía y su identidad.

Aquí te dejamos algunos consejos para sobrellevar esta etapa de le mejor manera:

  1. No te enojes
    Enfadarse con el niño por responder a todo que “no” o por sus berrinches equivale a tomarse demasiado en serio algo que en realidad no lo es. Esta etapa es necesaria en los pequeños para reforzar su autonomía y su identidad. Tómalo con mucha calma e incluso con humor.
  2. No Castigues
    Esto se desprende del consejo anterior: si el plan es aceptar esta fase como necesaria en el pequeño y no darle más importancia de la que tiene en realidad, sería contradictorio castigarle. Si en lugar de eso se toma la actitud contraria (no dar mayor importancia, tratar de cambiar de tema), será mucho más fácil.
  3. Guíalo de Manera positiva
    Si se ha de viajar en coche, el niño debe ir en su sillita reglamentaria; si quiere jugar con un cuchillo, no se le debe permitir, y así en innumerables circunstancias. En estos casos, es conveniente evitar las órdenes directas (“no toques el cuchillo”), a las que el menor buscará oponerse, sino guiar de forma positiva (“el cuchillo es peligroso, si juegas con él te puedes hacer daño, es mejor que lo guardemos”).
  4. Elimina el exceso de Reglas
    Estar sometido a excesivas reglas es algo que no gusta a nadie. En el caso de los mini-adolescentes, cuantas más reglas se intente imponerles, más posibilidades se les dará de decir “no” y enfadarse. Si el pequeño se siente bajo menos control, estará más relajado.
  5. Evita el exceso de “NO”
    Decir que “no” a los niños muchas veces es inevitable, dada la gran cantidad de cosas que, por su propio bien, no se les puede permitir hacer. “¿A quién puede sorprenderle que sea una de las primeras palabras que aprenden, si se les dice que ‘no’ continuamente?”.
    El consejo del doctor Schmitt es pensar bien si, cuando no resulta imprescindible, compensa decirle que no y, en general, llevar la contraria al pequeño. Y, en todo caso, si la respuesta será positiva y se le dará al niño lo que quiere, es mejor hacerlo desde el principio y evitar que inicie un lloriqueo. No solo porque este puede dar lugar a una rabieta, sino además para evitar que relacione su llanto con la obtención de lo que desea.

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